“UNA SOLEDAD DEMASIADO RUIDOSA” de Bohumil Hrabal

En León, diciembre de 2017, Vicente Morán y el Club de Lectura “Camino de libros”

Estamos ante la lectura de uno de los textos más significativos de este destacado, atípico y multi-traducido novelista checo (1914-1997), ahora recuperados por Galaxia-Gutemberg y gracias a la traductora Monika Zgustova (Yo serví al rey de Inglaterra, Bodas en casa, Tierno bárbaro, entre otros).

Escrito en ediciones “samizdat” mecanografiadas clandestinas en 1973 (no se publicó en formato normal hasta 1980), mientras sus libros estaban prohibidos, en plena época del régimen soviético, contiene elementos característicos de su obra: un gran amor a las personas tales como eran, con sus fallos y sus vicios; la descripción de los horrores y bestialidades de la vida sin asomo de depresión o desesperación; la unión del humor, tragedia y vitalidad en una Praga mágica en un contexto histórico de entreguerras, comunismo, primavera y transición democrática; con una gran imaginación y, entre la euforia y el cansancio anímicos, referencias constantes a la filosofía y la literatura universales, sin obviar la nostalgia de otros tiempos mejores y la recurrencia al tema del suicidio. A destacar, de entrada, el uso de una figura retórica como el oxímoron para dar título al texto. Después la creación de un personaje especialmente apropiado para el fin que el autor pretende (el anciano Hant`a , probablemente su alter ego). Luego la propuesta de toda una filigrana estética que resulta ser un relato autobiográfico de dicho personaje atrapado en una serie de circunstancias personales, que le obliga a aceptar durante 35 años un trabajo pésimo (por ambiente, suciedad y aislamiento), un jefe que le humilla…, pero en el que encuentra, a su pesar, un asidero intelectual que, unido a su afición a la bebida, permite construir una alegoría magistral, coherente con sí misma y con su significado final. Un protagonista de gran realismo, socialmente marginado , sometido a un jefe y un trabajo humillante, al borde siempre de la embriaguez, con pensamientos obsesivos, que expresa un lenguaje paradójico y desatinado, que sufre alucinaciones, cuyo único refugio es el amor a los libros que tiene que destruir sin remedio y que, en lo que puede, trata de rescatar y de leer de forma un tanto obsesiva, pero cuyo objetivo fundamental parece querer transmitirnos su verdadera “historia de amor”: la cultura. Con una escritura sencilla pero directa, sin diálogos –salvo consigo mismo—escrita como de corrido, llena de metáforas y de descripciones poéticas, de innumerables referencias textuales a pensamientos filosóficos y morales. También hay múltiples símbolos y señales que advierten al lector que se trata de un texto alegórico cuyo objetivo no es otro que “denunciar” el contexto social en el que están inmersos (autor y personaje). Desde una posición cuasi-delirante consecuencia de su constante hábito a la bebida, realizando continuados círculos narrativos, triturando pensamientos (para hacer referencia a su profesión denostada de empaquetador de papel durante 35 años), con abundantes reiteraciones yuxtapuestas y simbología de las ideas o de las personas que conoce y ama, nos presenta un cuadro genial sobre el desastre de la inteligencia clásica y del desprecio a la cultura en general. Pero todo ello, bajo un profundo respeto y delicadeza , incluso cuando refiere episodios escatológicos que le trastocan su desarrollo como persona. O ejerciendo de “tierno carnicero” matando libros o formando “paquetes como sepulcros” (que adorna con joyas literarias o pictóricas). O actuando como “único artista y único espectador” y soportando todo ello gracias a la cerveza para vivir (feliz y culto a su pesar) en una soledad poblada de pensamientos desde el infinito a la eternidad (como Don Quijote). Hasta concluir que el hombre que piensa se asemeja con lo no humano, como el cielo. Y a pesar de todo, se siente feliz porque, gracias a su trabajo, tiene acceso a aquello que más ama en esta vida: los libros. Por encima de las condiciones inhumanas en las que realiza su trabajo y de su vida gris exterior. Considerándose un privilegiado porque su vida interior, su pensamiento, está atiborrado de historias, de filosofía, de ideas lo que le permite ser infelizmente feliz y culto a su pesar. Sintiéndose santificado y embellecido por dentro, por soportarlo y no haber perdido el juicio “aquí en mi soledad demasiado ruidosa” que con estupefacción sentía le había trasladado al campo infinito de la omnipotencia. Reafirmándose de que está solo –pero no abandonado—para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos y escuchar sus ruidos. En un continuo vaivén (como el botón rojo y el botón verde de su prensadora), donde recordando a Lao-Tse: “nacer es salir y morir es entrar”, o considerando que la vida es como un reloj de arena (“lo que esta abajo está arriba y viceversa”). Y reafirmándose ( con Shopenhauer) en que “la más elevada de las leyes es el amor y el amor es compasión”. Y así podríamos seguir relatando una multitud de frases y metáforas, sentimientos y referencias literarias que esta pequeña gran obra nos ofrece. El relato se cierra, simbolizando perpetuar toda la cultura literaria que el acumula y que el sistema desecha, con la auto-inclusión en uno de sus productos de prensado como expresión máxima de su rebeldía y no resignación ante los cambios sociales que sutilmente ha venido denunciando. Aunque no nos sorprende que lo haga con “la tranquilidad de ánimo” que le rebela Séneca. Una obra que nos habla mucho del propio autor (está considerado como un escritor de su época), con impregnaciones de fatalismo, tragedia y denuncia. Que protesta contra todo totalitarismo que desprecie la inteligencia, que constriña las libertades y la creatividad del ser humano. Componiendo así un bello canto de amor a los libros y a la libertad interior que promueven.

Comentarios (1)

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    Olga

    |

    Sencillamente maravillosa. Un deleite.

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