UNA MADRE de Alejandro Palomas

La mesa familiar con sillas vacías 

Primer libro de este escritor barcelonés que, junto con “Un perro”y “Un amor” (esta última premiada con el Nadal de 2018), forman una trilogía que trata sobre los problemas actuales de una familia urbana de clase media.

La convocatoria de sus miembros (Amalia la madre divorciada, sus hijos Fer y Emma heridos de abandono por sus parejas, su otra estricta hija Silvia con el marido ausente y el viajero fabulador tío Edu) para la cena de fin de año en el pequeño piso para jubilados de la madre en un barrio de una ciudad con mar sirve de excusa al autor para desarrollar una historia urbana contemporánea  en la que se deconstruye la idea convencional de la familia feliz y se muestra otra más real y llena de complejidades. Una reunión familiar que se repite por  iniciativa e insistencia de la madre, a la que siempre falta alguien, de la que todos piensan que algo no va salir bien y en la que todos parece que, en esta ocasión, tienen alguna noticia importante que dar.

Narrada por el hijo pequeño (FER) nos va desvelando poco a poco, en una estructura circular y con constantes “flashback” , con reflexiones más que diálogos, los perfiles psicológicos de los miembros de esta familia aparentemente corriente, pero que han sido vapuleados por los vientos de sus vivencias, han sufrido pérdidas y tienen heridas difíciles de sanar. Poco a poco nos vamos enterando de los conflictos que atañen a cada uno de ellos y de cómo la madre trata de solventarlos..

Destaca pues, la figura de Amalia, una madre divorciada de un marido dominante (que los abandonó a todos), inocente pero dotada de una sabiduría natural (sabe más de lo que parece), algo irreverente pero divertida ( a veces desvaría), con una disposición especial a rehacer su vida de ama de casa pasiva, valiente e incondicional, entrañable, conciliadora y respetuosa con las diferencias. Deseosa de recuperar su libertad e independencia, destaca en su afán de protección, de intermediar en los conflictos que afligen a los suyos y de reafirmarles en el amor y en el deseo de afrontar sus vidas.  A pesar de sus limitaciones y desengaños está dotada de una gran fortaleza y convencimiento, con capacidad de montar estrategias sutiles y peculiares (“silla de las ausencias” para recordar a los ausentes) o de hacer reflexiones como que “el ruido como elemento que distorsiona la comunicación”. Todo ello hace que vaya tejiendo una red de hilos invisibles con los que trata de encauzar y proteger a sus seres queridos (y a si misma) y conseguir lo que se propone.

Es una novela donde los personajes principales (los 3 hijos y el tío) están bien perfilados, son actuales y con un rico pero tormentoso mundo interior, con esa madre nexo que, sobre unos hombros aparentemente frágiles, lleva todo el peso de la narración. Una mujer que no es muy mayor y que la abundancia de elementos de carácter pudiera resultar excesiva, poco creíble incluso para algunos (como si de una Maura o Sardá almodovarianas se tratara).

Los personajes secundarios complementan bien para añadir contexto a los perfiles y temáticas que el autor nos propone, ya sea el desamparo, las ausencias, la autocompasión, el desamor u otras experiencias dolorosas. Llama la atención un exceso en el tratamiento de la sexualidad (una hija lesbiana, un hijo homosexual, referencias a la transexualidad), con una predominancia de la femineidad y donde lo masculino resulta malparado. También hay referencias a otras temáticas actuales: el valor de la familia, del amor y la maternidad, la amistad, la fragilidad, la comunicación –tanto interior como exterior—, la fortaleza de espíritu y de reafirmación, del deseo de vivir en fin. Puede que tal pléyade de elementos tratados les resulte a algunos lectores un exceso y acabe minando la credibilidad de la historia. Como si el autor quisiera justificar la actuación de la madre frente a tanta distorsión de su entorno cercano . Y que, tanto los excesivos matices que la figura materna despliega tras el largo mutismo y sometimiento matrimonial, tal que un animal enjaulado que de pronto es liberado y se encuentra desorientado salvo para las cuestiones materno-filiales, como la abundancia de temáticas socio-emocionales tratadas, nos llevaría a pensar que se trata de un artilugio literario que rebaja el valor de la obra.

No obstante, la escritura resulta sencilla, tierna y emotiva pero no sensiblera, reflexiva (contiene frases memorables y capítulos conmovedores), con un ritmo lineal sostenido permite una lectura fácil. Utiliza la técnica de “adelante-atrás” para rememorar y elige el cambio de año como probable metáfora para posibilitar también “un cambio en sus vidas”. En fin, una obra en la que, a pesar de que desmonta los tópicos de madre entrañable y familia feliz, en ocasiones, nos toca la fibra sensible, incluso resulta fácil empatizar con sus personajes por su cercanía y realidad actual,  llevados, eso si,  de la mano protectora e incondicional de la increíble figura materna.

Hay algún guiño literario, como el comienzo de la novela: “mamá había dicho que ella misma compraría las flores” de “La señora Dalloway” de V. Wolf y puede recordarnos a la reunión familiar de la novela de Anne Tyler “Reunión en el restaurante nostalgia”.

León, octubre de 2018

Vicente Morán y el Club de Lectura Camino de Libros

  UNA MADRE de Alejandro Palomas.

  Siruela 2014. Colección Nuevos Tiempos

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana