«STONER» de John Williams

“El valor de la tiza y la pizarra frente al azadón”

Estamos ante una novela que fue escrita en 1965 e ignorada durante décadas hasta que la NY Review Books la reavivó en 2006. Publicada en España en 2010 por una pequeña editorial (Baile del Sol). Fue libro del año en UK en 2012 y celebró sus 50 años en el 2015. Para acabar convirtiéndose en un libro clásico inexpugnable de lectura obligada y recomendada por múltiples autores. «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro; pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado» (Tom Hanks).

La novela cuenta la historia de William Stoner, hijo de unos campesinos de Misuri, nacido a finales del XIX y enviado con gran esfuerzo por sus padres a la universidad para graduarse en Agricultura y poder así introducir mejoras en la granja familiar. Un día un profesor que está iniciando a sus alumnos en las virtudes de la literatura, se dirige directamente a él en clase para decirle: «El señor Shakespeare le habla a través de 300 años, señor Stoner, ¿le escucha?». Para el rústico joven Stoner, ese instante fue una iluminación, un impacto epifánico, una gran revelación que, con el tiempo, incluso le llevaría a renunciar a la granja de sus padres arriesgándose a ingresar en un “mundo en el que siempre estarás a punto de lograr el éxito pero serás destruido por tu fracaso” y a convertirse en profesor de la universidad de Misuri, donde llevaría una vida sin alicientes, equivocándose en todo. Una vida laboriosa al servicio de la literatura, con multitud de errores sentimentales. La biografía de alguien que vistió siempre un traje equivocado.

¿Cómo olvidar cuando el discreto profesor, consciente de haber perdido el tiempo en su obstinado trabajo sin luces, se refugia al final en la imperturbabilidad que heredó de sus padres rurales, impasibles trabajadores de la tierra, constantes dibujantes de «surcos como oraciones en el papel»?. De alguna forma misteriosa, inadvertida, y pese al creciente ascenso intelectual de Stoner, su pasado labriego ha cincelado su carácter hasta convertido en una persona íntegra, en respetado maestro cuya adaptabilidad –que no pusilanimidad- le capacita para encarar sin aspavientos emocionales la mediocridad de una existencia opaca en cada uno de sus sencillos frentes: matrimonio insípido, hija desapegada, relativo aislamiento social, rencores en el competitivo coso universitario, carrera profesional de corto vuelo, etc.

En el fondo  del patetismo, un elogio tanto de la rectitud moral como de la cultura del esfuerzo y del amor por la vieja literatura. En plena crisis mundial y densa melancolía, sorprende leer una oda tan intensa a los viejos valores morales heredados de una infancia hundida en las raíces agrícolas del Misuri más profundo y miserable, pero conmovedor.

William Stoner podría ser el estereotipo del profesor de Literatura que no tiene una vida digna de narrarse y decide reemplazar sus pasiones en la seguridad de un saber profundo descubierto por otros y transmitido en la enseñanza. Pero el intento de erudición y los gigantescos esfuerzos que realiza en la academia, horas de insomnio, cumplimiento de requisitos, acatar la jerarquía académica, además de convertirse en el mecanismo por medio del cual el personaje intenta “resolver” los problemas de su existencia, su matrimonio, la estabilidad económica, la paternidad, entre otros, son la síntesis de un sacrificio, un destino aceptado en el que no hay cabida para la recompensa, o siquiera la gratitud. La imaginación y los sentimientos de Stoner están en la misma perspectiva y se aproximan al deseo de “ser alguien” conducido por una intuición verídica que descubre en el estudio literario. No es un escape, no le facilita su camino, y por un momento creemos que leemos una historia triunfal, ese espacio donde las adversidades se superan por la tenacidad del personaje. Pero John Williams ha tocado una fibra importante en la historia y quita ese velo, la victoria no es un momento sino un instante, y no se puede llegar a ella. Es un resquicio por donde vemos cobrar brillo a la existencia.

En España y ,más recientemente tal vez, hayan sido Torrente Ballester y Antonio Muñoz Molina quienes mejor hayan sabido retratar la dignidad del labriego de antaño, educado en el saber de la intemperie. No se puede describir mejor la conmovedora dignidad de unos padres campesinos que asisten a la deserción de su hijo con el estoicismo del labriego que se aviene a las veleidades del clima. La escena de la graduación es sencillamente perfecta: el lector palpa a esos padres apocados en la ceremonia de graduación de William, tan distantes ya de su hijo como éste de la tierra que contribuyó a labrar con sus manos.

Podríamos concluir que estamos ante dos asertos, uno literario: “De cómo una buena novela, con el tiempo, se convierte en una gran novela” y otro filosófico: «a alguien se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró ignorancia».

León, en los meses de la pandemia de Covid-19

Vicente Morán y el Club de Lectura “Caminodelibros”

Stoner

STONER de John Williams

Ed. Baile del Sol, 2015

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana