PARADOJA DEL INTERVENTOR, de Gonzalo Hidalgo Bayal

«Elegía de la decadencia ferroviaria o donde la libertad absoluta es una forma de prisión, porque quedarse es cautiverio e irse obligación»

“Paradoja del interventor”es la 4ª novela de este autor extremeño que lleva (según hemos tenido la oportunidad de oír de su propia voz) toda una vida escribiendo y creando una amplia y muy personal obra que Tusquets  viene editando con regularidad, y que compaginó con su profesión de profesor de lengua y literatura en un instituto de una pequeña ciudad.

Una obra en la que el lenguaje es algo más que un andamio sobre el que se asientan sus historias; es un personaje más; tan exquisito como exigente, que requiere del lector los cinco sentidos para poder disfrutar de una prosa soberbia llena de sustantivos encadenados y construcciones gramaticales. Para hablarnos de temas de siempre ( la culpa y la pérdida de la inocencia; el viaje a ninguna parte; la infelicidad como condena) , sin que la trama sea lo más primordial, con un gusto por la paradoja y los juegos lingüísticos, donde abundan reflexiones en torno a la literatura, al cine y a la necesidad de contar historias creando, incluso, espacios imaginarios (MURANIA).

El libro que hoy nos ocupa narra la peripecia (un tanto kafkiana y surrealista) de un hombre perdido en un universo que no comprende. Un personaje del que desconocemos quien es, de donde viene y, finalmente, a donde va. Del que únicamente sabremos su comportamiento ante las peripecias que le sobrevienen en un tiempo acotado. Que parece dotado para interpretar y sobreponerse a los inconvenientes. Un protagonista que expresa reflexiones y sentimientos de la vida en primera persona y recoge también las de una variopinta y algo estrafalaria red de personajes (con diversos oficios y vicios) con los que se relaciona. Se forma así una obra coral, llena de simbolismos con aires de pesadilla en un mundo arruinado y decadente donde la verdadera paradoja es una excusa para mantener al lector encadenado a su lectura, ya que tanto  la trama como el mensaje no son relevantes para el autor.

Hay en este  libro recursos narrativos recurrentes en sus otros textos, como los palíndromicos “la sed de sal” o “amad a la dama”, y otros muchos en la extensa y muy trabajada “El espíritu áspero”. También abundan las referencias bíblicas (encarnadas por el personaje Cristo), sentencias en latín (atribuibles a los clásicos) y los  elementos simbólicos  (una botella de cristal, un cuaderno negro con pastas de hule, el sobre azul, un chaquetón, el fuego purificador o las propias vías del tren por las que llegan o transitan algunos personajes).

Podemos reconocer  en esta fábula (el propio autor lo atestigua) ecos de  Juan Benet o Sánchez Ferlosio, de Conrad , así como de los maestros Faulkner o García Márquez . Pero la referencia que más nos sugiere es a Dino Buzzati  y  su “desierto de los Tártaros”, en donde el destino de los personajes y la presentación de un mundo en degradación aparecen como dominantes. Y hasta de Juan Ramón Jiménez (del que se declara asiduo lector) por su gusto por la sonoridad del lenguaje con su musicalidad y su sentido poético. Apreciamos, incluso, en el conjunto tintes cervantinos más o menos explícitos, aunque no sean los diálogos ni la trama características destacadas. En cuanto a reflexiones sobre citas cinéfilas encontraríamos a Buñuel  y su “Simón del desierto” o “El ángel exterminador”.

Estamos, pues, ante un libro desconcertante , con la aparición casual de un protagonista devenido en falso interventor, pero que no intervine en nada, en un espacio geográfico dejado de la mano de Dios, donde tampoco nada es lo que parece, pululado por seres marginales y soñadores que perviven precariamente y rodeados de desorden y violencia. Aunque finalmente nos sugiera cierto optimismo con la imagen del protagonista  dejando atrás  ese mundo degradante  y maltratador al que había sido arrojado por la fatalidad (a través de las vías del tren). Y más si  añadimos que lo hace tras construir un engaño de su destrucción definitiva , que va a condicionar un cambio de opinión menos vejatorio sobre su persona . Puede que destile pesimismo pues hasta su simbólica silueta acaba convertida en espantapájaros, pero al mismo tiempo  parece buscar la redención de si mismo. He ahí la paradoja.

Una muestra de este escritor maduro –no demasiado reconocido en el panorama literario actual–, que nos demuestra una vez más el dominio de un lenguaje preciso y sugerente, habilidoso y culto, que explora los territorios menos transitados de la narrativa realista y que destaca por la belleza de su prosa aunque resulte exigente para el lector.

Vicente Morán y el Club de Lectura “Camino de Libros”.

 Mayo 2018.

 

Tusquets Editores S.A.  Colección: Andanzas | Número de páginas: 232 / Fecha publicación: 2006

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana