LOS HABITANTES DEL BOSQUE, de Thomas Hardy

“Cuando la imaginación es la esclava de una circunstancia inalterable…”

Considerada por el autor como su obra favorita y mas representativa, es una de las mejores de la literatura inglesa del siglo XIX. Escrita en 1887 está construida de modo inteligente, crítico e incluso mordaz a veces, con unos personajes que definen la historia con sus comportamientos, conservando en su conjunto una frescura reconocible hoy día.
Una novela muy inglesa, con ese conflicto de clases que les es propio pero no tanto como enfrentamiento entre éstas, sino como dilema íntimo, como cuestión personal. Seres que se debaten entre aquello que les dicta su conciencia y las buenas normas de conducta y lo que su corazón les propone.

La imagen que Hardy forma de cada uno de ellos es extraordinaria, haciéndonos comprender fácilmente sus motivaciones, sus deseos y sus dudas. Dotándolos de mucho realismo y gran solidez, con sus conflictos interiores, la capacidad que tienen para variar su estado anímico, la gran cantidad de matices que presentan, la incapacidad para manejar sus sentimientos encontrados y su comportamiento afín a los mismos. El amor, la amistad, los deseos, la ambición, la lealtad, la honradez, el egoísmo, el arrepentimiento son sentimientos por los que pasan cada uno de ellos en distintos momentos, tal y como a las personas de carne y hueso.  Además estos personajes también son sacudidos por los caprichos del destino que les lleva y trae en distintas direcciones, que provoca encuentros a destiempo, situaciones límite y que les enseña tarde aquello que podrían haber conocido antes cambiando su percepción de las cosas. 

Son muchos y muy variados los temas aquí tratados con una carga crítica: la división de clases (el matrimonio, el dinero y las propiedades, el tipo de trabajo y la educación como declaración de estatus o ascensores sociales); sobre la infidelidad y el amor (éste sometido a los dictámenes social-familiares), el papel victoriano asignado a las mujeres (sometimiento paterno, dificultad del divorcio) y a las organizaciones sociales (siempre favoreciendo al rico). Todo ello tiene lugar en un medio apartado y rural y hace que condicionen las uniones y compromisos entre sus habitantes. Un mundo condicionado también por la propia naturaleza que les rodea (descrita con precisión y abundancia de detalles que nos hace “sentir” el paisaje y no solo lo que allí sucede).

Como es habitual en Hardy, los efectos nocivos del destino causan estragos en sus vidas; ningún personaje elige el camino fácil: todos se enamoran de la persona equivocada y ello tendrá consecuencias trágicas. Sus perfiles psicológicos nos harán reflexionar sobre el determinismo-fatalismo, sobre la oposición entre trabajo y riqueza, el ruralismo inculto y la educación, así como la convivencia entre lo clásico y lo moderno. El autor no se casa con ningún bando, pero ridiculiza las lecturas trascendentales, los abusos de poder, la inversión paterna en “educación para señoritas” a fin de conseguir un ascenso social.

Con un gran sentido narrativo, con una prosa rica, minuciosa y detallista plagada de metáforas y alusiones a la literatura y la religión –libros y eventos de la época, mitologías varias– que buscan el disfrute del lector, va desarrollando lenta y parsimoniosamente una novela coral, profunda y compleja  (personajes de personalidades muy dispares), con un toque irónico y mordaz (crítica velada) y una buena dosis de suspense, para acabar formando un circulo cerrado en el que el destino de los individuos queda perfectamente delimitado en las manos del narrador, que deja bien claro su mensaje: ”por mucho que se luche por romper los límites preestablecidos, al final todo vuelve al sitio que le corresponde, aunque alguien tenga que pagarlo con su vida”.

León, Noviembre de 2019

Vicente Morán y el Club de Lectura «caminodelibros.com»

 Los habitantes del bosque, de Thomas Hardy

Traducción de Roberto Frías

 Impedimenta, 2012

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana