LA IDENTIDAD CULTURAL NO EXISTE, de François Jullien

¿Es preciso que cada uno defienda la identidad cultural de su propio país?. ¿Dónde se encuentra el punto óptimo entre la tolerancia y la integración, la aceptación de las diferencias y la reivindicación identitaria?

François Jullien, uno de los filósofos contemporáneos de más crédito del mundo, pone las herramientas de la filosofía al servicio de quienes quieran eludir las trampas del debate sobre la defensa de la identidad cultural, que atraviesa toda Europa.

Algunas reflexiones:

“No debería hablarse de «identidad» -pues la cultura se mueve y se transforma-, sino más bien de recursos culturales, no exclusivos ni predicables, al alcance de cualquier persona, y que cada país debe no tanto proteger sino más bien explotar”.

Trato de distinguir entre la identidad personal, la del sujeto, que es fija, y la identidad colectiva, que no es objetiva y siempre se transforma. Esto nos lleva a la cultura como algo colectivo que se transforma también continuamente. Una cultura que no se transforma está muerta”.

“Si el lenguaje se empobrece la opinión es manipulable. Hay que desarrollar una lengua que sea crítica, rica, variada, que además de movilizar los miedos y los afectos, movilice la inteligencia”.

La recomendación de Jullien para superar el marco un poco asfixiante de las identidades culturales se basa en dos ideas difíciles de explicar pero sorprendentemente útiles. La primera es “la distancia”, lo que en francés él llama “écart”. La segunda es la diferencia entre el ser (être) y el entre ( entre),  cuyo juego de palabras lleva implícito que lo más importante no es lo que somos sino lo que resulta de la confrontación del uno con el otro a través del  écart y del recorrido del «dia-logo» (brecha o cruce entre lo común de lo inteligible, lo común de lo humano). Porque cuando se establece un diálogo real y mientras dure éste, aparecerá un «entre» que obligará al pensamiento a trabajar. De lo contrario solo habrá alienación y no saldremos de las relaciones de fuerza, de imposición al otro.

Lo que nos define culturalmente no es tanto una identidad cerrada y fácilmente descriptible como «la tensión que genera “la distancia” (o quizá podríamos traducirlo como “el hiato” o lo que el llama el écart) entre las diversas identidades.

Si los hombres nunca se entienden del todo, ni las culturas entre si, es trascendental crear las condiciones para que puedan comprenderse, ya que solo esa posibilidad de comprender lo diverso de lo humano es lo que CONSTITUYE A LO HUMANO.

Y finaliza su libro afirmando que si cada época conoce su forma de resistencia, la nuestra tiene que combatir dos amenazas que van a la par: la uniformización y lo identitario , y trabajar para buscar un común intensivo.

¡Muy adecuado y recomendable este libro para los tiempos que corren!

 

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana