KLARA Y EL SOL de Kazuo Ishiguro

¿SERES HUMANOS TÉCNICAMENTE MEJORADOS FRENTE A MEJORES SERES HUMANOS?

El muy premiado escritor japonés – afincado en Inglaterra desde los 6 años– Ishiguro vuelve con otra obra en la línea de sus anteriores “Nunca me abandones” (2005) o el “Gigante encerrado” (2016) desde que en 2017 recibiera el Nobel.

Nacida como un cuento infantil para su hija, retoma el género de la ciencia ficción –pero más como excusa—para reflexionar sobre la humanidad y las promesas infantiles. Narrada en primera persona por una androide con apariencia femenina (una ginoide de nombre Klara, de pelo corto oscuro  y ojos amables dependiente de la luz del sol como energía vital), categorizada como de tipo AA (Amiga Artificial) y especializada en el cuidado de los niños y que inicia su historia mostrándose en el escaparate de una tienda a la espera de cumplir su destino y la adquieran de señorita de compañía infantil. Destino que verá cumplido (tras soportar las típicas promesas fugaces de los clientes infantiles) cuando Josie, una adolescente de 14 años que sufre una severa cojera, tras convencer a su madre, decide por fin adquirirla, pues está convencida que están destinadas a estar juntas.

Pero las AA –se nos anticipa—no son niñeras (aunque a veces hagan de carabina), ni criados (aunque se espera que reciban órdenes). Son amigos nominales, pero no nuestros iguales. Y el aparente propósito de Klara es ayudar a Josie a superar los difíciles y solitarios años hasta su ingreso en la universidad.

Klara se nos presenta con algunas características que superan a otros modelos (incluso los más avanzados) pues es más observadora, más dada a hacerse preguntas desde una ingenuidad primitiva; es sensible a la melancolía, pudiendo detectar con facilidad el sufrimiento de las personas incluso cuando aparentemente demuestran alegría; es una AA autómata pero emocional y con el tiempo y el aprendizaje puede que con ¿consciencia?, puesto que reflexiona sobre un futuro sombrío marcado por la polución, el paro, el abismo entre ricos y pobres que no pueden comprarse una máquina tan sofisticada como Klara, y sobre todo la soledad (que afecta sobre todo a los niños, ya que no estudian en escuelas sino en casa y, ésto, a pesar de estar “mejorados” en sus capacidades intelectuales).  Incluso habla de la obsolescencia, pues parece finalmente lamentar de habitar un mundo que ya no comprende y en el que clases enteras de trabajadores han sido sustituidas por máquinas, que a su vez están sujetas a su sustitución.

Con este marco social avanzado y con sus personajes tan desarrollados técnicamente, con la visión del mundo subjetiva desde el punto de vista de Klara, que nos devuelve una recordatorio constante de cuál es su aspecto cuando media la tecnología, el autor parece querer comunicarnos sobre qué nos hace más humanos en un mundo donde empieza a desarrollarse la IA (inteligencia artificial) que tendrá un papel cada vez más preponderante en el futuro, pero en el que la ingeniería genética humana podría empeorar las relaciones sociales e incrementar la desigualdad.

Y que al igual que la tecnología se queda en poco tiempo desfasada, al salir nuevos modelos dotados de innovaciones, el ser humano corre peligro de quedarse atrás en un mundo en constante cambio. Sin embargo, eso no tiene que significar que quienes no están al día no puedan resultar más útiles. Por tanto, no es una rebelión de las máquinas –como en otros autores de ficción—sino del sufrimiento de quienes no piensan subvertir el orden, sirviendo y significando sus propios sentimientos; una propuesta esperanzadora, en fin,  de re-construcción de la identidad humana.

Abril, de 2021

Vicente Morán y el club de lectura “caminodelibros.com”

KLARA Y EL SOL de Kazuo Ishiguro

Anagrama (Panorama de narrativas nº 1046), 2021

Traducción de Mauricio Bach  

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana