«KANT Y EL VESTIDO ROJO» de Lamia Berrada-Berca

Vicente Morán. Promotor del Club de Lectura “Camino de Libros”. LEÓN. Mayo 2017

Con este libro inicia su andadura el club de lectura “Camino de Libros” que coordina Vicente Morán, con el patrocinio de la librería Artemis de nuestra ciudad.

Se trata de un libro bien editado, en tapa dura, y con bellas ilustraciones de la artista plástica María Angulo, publicado en Francia en el 2011 y editado ahora en español por vez primera, y escrito por una autora desconocida en nuestro medio que posee influencias multirraciales y multilingüísticas derivadas de la procedencia de sus parientes (madre francesa, padre marroquí, antepasados suizos y escoceses y marido siciliano). Tras formarse en la Sorbona ejerce de profesora de literatura moderna en Paris y forma parte del Grupo Nueva Educación 96, lo que le ha permitido participar en diversos proyectos artísticos. Es a través de una escritura unificada en el idioma francés (lleva publicados 6 libros) donde ha explorado el funcionamiento de las sociedades tradicionales, las interrelaciones personales, las dificultades de identificación e individualidad que se produce en una sociedad minada por los valores que inhiben la sensibilidad de la conciencia. Con un lenguaje un tanto poético, conciso y directo, nos cuenta una historia sobre la búsqueda de la propia existencia y de la autoafirmación protagonizados por una madre y una hija (con un padre omnipresente en la función represora pero sin desarrollo como personaje) emigrados a un barrio de Paris desde sus orígenes afro-islámicos. De forma algo artificiosa o poco real y casi como una parábola describe la transformación que se va produciendo en el personaje femenino desde su posición de mujer sometida (de acuerdo con los preceptos religioso-educacionales vigentes en su cultura de origen) hacia la auto-liberación. Para ello, se sirve de recursos literarios simbólicos, tales como el deseo de adquirir un vestido rojo que descubre en una escaparate próximo a su casa (dando importancia a la representación y significados del vitalista color frente a su oscura y limitada existencia ), así como la “llamada” a la rebelión de la conciencia del no existir por la aparición junto a su puerta de un libro, cuyo contenido desconoce por ser analfabeta, pero que leído por su hija le transmite casi mágicamente – “no entender las palabras sino creerlas”– las ideas ilustradoras del autor del mismo (Kant). Es a través de la confabulación madre-hija (en su cultura si fuera varón ya tendría mejor predestinación) como se “alimenta” el desarrollo evolutivo hacia una existencia de mujeres sin tantas limitaciones del ser. La confrontación de las miradas, ya sea la suya propia en el espejo, la de su occidental y amable vecino, o las caras dibujadas por su hija, junto con relectura (no inteligible pero si insinuante de ese Kant repetido 99 veces y del sapere aude) le sirven de pretexto a la autora para ir articulando la transformación y la pérdida del miedo a la misma. Incluso la ausencia de elementos de sostén originarios de su aldea (la abuela consejera o la higuera depositaria de los deseos) sirven a la protagonista para amortiguar sus temores e inseguridad. En este pequeño pero intenso texto algunos lectores encuentran algunas referencias literarias, ya sea con Wirginia Wolf y su “Una habitación propia”, donde se abordan los innumerables prejuicios y obstáculos que las mujeres tienen que sortear para emanciparse y realizarse como seres humanos íntegros e independientes , o con algunos pasajes de “Nieve” de Orhan Pamuk (… cuando eran niñas siempre habían querido que nevara más: la nieve despertaba en ellas la sensación de la belleza de la vida y les hacía sentir que las personas se parecían y que el universo y el tiempo eran muy vastos mientras que el mundo de los humanos era demasiado angosto), y hasta con “El extranjero” de Camus. En fin, un libro muy recomendable y de patente actualidad en el que se pone, una vez más, de manifiesto que el cultivo del espíritu puede ser (como afirma Kant en un capítulo al final del libro) un instrumento para romper los “grilletes de una permanente minoría de edad que los preceptos y las fórmulas acaban encadenando al propio entendimiento”.

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana