EL CREPÚSCULO DEL MUNDO de Werner Herzog

“La sacralización del deber y el honor llevados hasta el absurdo”

En esta primera novela del famoso cineasta W Heerzog nos cuenta la historia, increíble pero cierta, de un soldado (el oficial de inteligencia instruido en la guerra de guerrillas Hiróo Onoda) que formaba parte del ejército japonés que operaba en el Pacífico (Isla de Lubang, Filipinas) en diciembre de 1944 durante  la II Guerra Mundial y que, tras el repliegue del mismo,  recibe la orden de defender las posiciones en la isla que están instalados frente en las incursiones del enemigo. Pero lo increíble de esta historia es que acató el mandato hasta el extremo de mantenerse luchando y sin rendirse durante 29 años después de finalizada en febrero de 1945. Enfrascado en su sentido del deber (con órdenes que incluían el no rendirse bajo ninguna circunstancia o suicidarse) luchando y sobreviviendo en la jungla de la isla, inicialmente acompañado por otros 3 soldados y finalmente solo, interpretando a su modo las señales de que no hay cese de hostilidades o que la guerra continúa (con otras sobrevenidas años posteriores: Corea y Vietnam), mantiene su guerra personal, su misión, hasta que finalmente es convencido de su rendición cuando es localizado por un aventurero en 1974, pero eso si, solo ante su superior que le dio la orden inicial. En ese momento, Onoda sigue llevando su andrajoso uniforme, su espada y su rifle con abundante munición (que quedan expuestos en el memorial a los más de 2 millones de muertos) y se le exonera de los asesinatos de filipinos por el entonces presidente Ferdinan Marcos.

La historia encaja en el perfil de personajes (marginados y excepcionales: Hauser, Aguirre, Fizcarraldo) por el que el cineasta siente debilidad, personajes quijotescos que persiguen metas imposibles y tratan de alcanzarlas aunque, por el camino, pierdan todo lo que tiene, excepto el honor. Herzog la cuenta dotándola de un realismo misterioso que tiene momentos filosóficos, ironía y sentido del humor. En 180 páginas, resume la esencia de las décadas de Onoda en la jungla, bucea en los extremos del alma humana y en la locura de las guerras a través de la lucha por la supervivencia de Onoda contra la naturaleza y sus propios demonios. Un brillante y conmovedor relato sobre el sentido del deber y el sinsentido de nuestra existencia. La obsesión con un ideal al que se es fiel hasta el final a pesar de las consecuencias, recordándonos una versión oriental de nuestros “maquis”(¿).

Pero hay elementos que se echan en falta en esta narración, que la hacen incompleta desde el punto de vista literario, por lo que algunos lectores no les suscita entusiasmo.

Es una aventura excepcional, si, pero está narrada como una crónica que podríamos leer en un periódico u oir en un bar o en una sala de conferencias y está llena de elementos muy visuales, casi cinematográficos –como corresponde  a su oficio de director de cine–, donde el ambiente, la jungla, forma parte esencial de la construcción y desarrollo del carácter del protagonista que condiciona sus acciones (recordándonos un poco a Camus). Es como si el presente no existiera, solo pasado y futuro; solo supervivencia y deber; como un circulo vicioso del que no es posible ya salir.

Por otro lado, no se nos informa de la personalidad intrínseca del personaje. Cuáles son sus orígenes, su formación, sus sentimientos, deseos o frustraciones. Los lectores tenemos que intuir las causas de su comportamiento tan extremo, de ahí que echemos en falta una información psicológica del personaje que podría explicar, al menos en parte, sus acciones en el contexto referido. Así no tendríamos que apelar exclusivamente a la tan manida y probablemente utópica visión de la cultura nipona sobre su sentido del deber, sus tradiciones, su patriotismo y su abnegación ante el poder. Además en este caso el protagonista, real y no ficticio, excede del patrón antes descrito, como si padeciera de algún trastorno de personalidad (que desgraciadamente el autor no explora) y que queda como una incógnita para el lector.

De ahí que nos gustaría que el autor hubiera extendido el desarrollo de la historia con elementos que pudieran justificar de algún modo su conducta. Quizás entonces podríamos comprender la canción que Onoda cantaba durante sus años de selva. “Puedo parecer un vagabundo o un mendigo. Pero tú, luna silenciosa, eres testigo del esplendor de mi alma”.

León, Junio de 2022

Vicente Morán y el club de lectura “caminodelibros.com”

WERNER HERZOG | El crepúsculo del mundo – La Llama Store

EL CREPÚSCULO DEL MUNDO de Werner Herzog

Blackie Books, 2022 (tapa dura)

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana