EL ASIENTO DEL CONDUCTOR de Muriel Spark

Publicada en 2011 por Contraseña editorial, con traducción de Pepa Linares y prólogo de Eduardo Lago es considerada como una de las más importantes (dentro de las 20 novelas cortas que publicó). Aunque su obra más representativa y que la dio a conocer fue “La plenitud de la señorita Brodie” (una transfiguración de su maestra de la infancia Khristina Kay).

En esta turbadora novela (“El asiento del conductor”) se detectan algunas de las características propias de su mundo narrativo  (enigmático, excéntrico,  estrafalario, estrambótico), un mundo donde nada es lo que parece, donde lo cómico convive con lo macabro y la muerte siempre anda rondando, mientras nos lo narra con indiferencia y frivolidad pero empleando la sátira lo que indicaría cierta intención moral. Para “aterrorizar deleitando” como ella misma expresó, con una prosa rápida, precisa y cortante, llevando a sus personajes (y a los lectores) a su destino sin que se den cuenta.

Según parece, la  escritura de esta escocesa católica conversa (con padre judío y madre protestante), crítica con su país de origen (se exilió a la Toscana italiana los últimos 40 años de su vida) lo que no impidió ser nombrada Dama de Imperio Británico, estaría influenciada por todas estas vivencias y explicaría que algunos de sus libros sean comedias sobre la culpa, ligeras en apariencia pero en lo profundo atormentadas por el pecado.

Aunque para algunos carece de argumento, el relato trata de una desaparición (con desenlace trágico que ya se nos anticipa al comienzo) en la que lo que interesa es el trayecto que la condiciona, narrado con hechos cotidianos e insignificantes que van, en realidad, a componer una trama oscura (con tintes de novela negra), a través de personajes extraños,  excéntricos, desequilibrados.  Esta divertida y macabra trama se sustenta en dos planos. Bajo una entretenida y ácida historia, con prosa sencilla, directa y accesible, incluso humorística a veces, se esconde un análisis más profundo en el que destacan aproximaciones a diversos tipos de trastorno psicológico, lo que la convierte finalmente en algo perturbador.

Así pues, nos topamos con una protagonista de fascinante idiosincrasia y excentricidad, desesperada, mentirosa, capciosa y retorcidamente voluptuosa. Decidida e impetuosa, pero también inconsecuente y voluble, casi paranoica que resulta finalmente frágil y vaporosa. Un personaje profundo, oscuro pero atrayente, lleno de facetas espeluznantes  pero con rasgos demasiado familiares como para no resultar inquietantes. Que proyecta su desaparición buscando y dirigiendo con precisión el brazo ejecutor en el otro (¿una referencia a la prohibición católica del suicidio?). Una serie de acontecimientos, cada cual más absurdo, que incluye encuentros con personajes igualmente estrafalarios, constituyen el “viaje” hacia el anticipado y trágico desenlace. En un discurso en el que el final de la historia es secundario con respecto a la trama, y en el que el “cómo” se convierte en el principal reclamo. En un texto cuya superficie es sutil y finísima en comparación con el fondo rugoso y duro como una piedra. Tanto, que para algunos puede resultar de lectura agotadora, con referencias a “Thelma  y Louise” o “El Túnel “ de Sábato, y en nuestro entorno con algunos escritos de Eduardo Mendoza o con la película de Almodóvar “mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Una historia sorprendente e irracional que no transcurre por los cauces habituales y que transgrede los convencionalismos de una narración típica de misterio, con el personaje principal vagando en busca de su verdugo, quizás un periplo interior: un viaje a lo más profundo de sí mismo con la voluntad de llevar en todo momento las riendas de una situación que desemboca en tragedia. Una tragedia buscada o, al menos, presentida.

Vicente Morán y el Club de Lectura “Camino de Libros”. Febrero, 2018


EL ASIENTO DEL CONDUCTOR de MURIEL SPARK

Editorial Contraseña, S.C. Tapa blanda. 136 pp. 21 x 13 mm.

ISBN: 978-84-937818-6-6. Fecha edición: 01/03/2011

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana