AURA de Carlos Fuentes

«La transformación del deseo o el deseo de transformación»

El escritor mexicano, uno de los más destacados y premiados de habla castellana contemporáneos, publicó “Aura” en 1962 (el mismo año que “La muerte de Artemio Cruz”). Una historia que recuerda a los cuentos góticos europeos con su sello personal e innovador al tener la característica de una novela y lo compacto de un cuento. Un juego de relojería perfecto que ha sido objeto de multitud de análisis concienzudos, desde la mitología al psicoanálisis, desde la brujería a la locura. Con un argumento que, según declaró el propio autor, le persiguió mucho tiempo, surgido de la impresión que le produjo ver la transformación de la joven y hermosa emperatriz de México Carlota de Bélgica en un cuadro que vio de niño en el castillo de Chapultepec y, posteriormente en una fotografía del archivo Casasola de la misma mujer ya vieja y muerta, recostada en un féretro acojinado y adornada con una cofia de niña. Serán, pues, las dos Carlotas representadas aquí por los personajes de la joven Aura (que da título al texto) y la de su anciana tía Consuelo.

El argumento y la trama son sencillos: un joven historiador en busca de trabajo (Felipe Montero) es contratado, tras leer un anuncio en el periódico, por Doña Consuelo (la anciana viuda del General Llorente) para que ordene y termine de redactar las memorias de su difunto marido. La condición es que deberá vivir en su casa, un lugar misterioso y decrépito que permanece en las tinieblas para evitar el recuerdo del general. Allí Felipe conocerá a Aura, enigmática joven, sobrina de doña Consuelo, que se encarga de ayudar a la anciana con las labores domésticas y, por la cual Felipe sentirá una particular atracción. La extraña relación entre la anciana y la joven, no obstante lo llevará a pensar que la vieja mantiene como prisionera a la sobrina lo que, junto a un progresivo enamoramiento, hará que Felipe se sienta en la obligación de liberarla. Aunque posteriormente descubrirá que la dependencia de Aura de doña Consuelo va más allá de lo imaginable. Observa en la aparente devota anciana un sentimiento de culpabilidad (derivado según deduce de los manuscritos del general de su incapacidad para darle hijos) que se transforma en rituales mágicos que recuerdan a las prácticas de brujería. En el santuario de dichos actos llega a estar incluida la propia joven Aura, que parece estar controlada por doña Consuelo en sus gestos y movimientos. Junto al deseo de liberarla, Felipe comprueba como Aura va envejeciendo para acabar transformarse en Consuelo, pero arrastrándole al mismo tiempo en su propia transformación hacia la figura del general Llorente.

La narración tiene un desarrollo prácticamente lineal, en un ambiente inicialmente urbano desde el que se “penetra” predominante en lo doméstico (el viejo y oscuro caserón), en donde, con un estilo muy descriptivo, nos muestra no solo el ambiente donde suceden los acontecimientos, sino también los personajes y sus características físicas y espirituales. Usa un vocabulario culto y muy literario para construir diálogos, descripciones, metáforas, etc. Y también otros recursos narrativos, como la utilización de la segunda persona, consiguiendo así involucrar al lector en el personaje, pues dicha voz está dirigida a él (Felipe Montero) y parece conducirlo (nos) a lo largo de la historia.

Se aprecian además multitud de simbologías encarnadas en la propia casa (¿alegoría de lo femenino o útero materno?)y en los diferentes animales que aparecen: el perro (custodio del adentro y el afuera), la coneja Saga (como continuidad y renovación cíclica der la vida), los gatos (odiados por Consuelo y queridos por el general, como representación de la maternidad frustrada?) y el macho cabrío (impulso vital trágico en el que se “degolla” la masculinidad?). Todos ellos parecen tener relación con la fertilidad, con la vida y la juventud, con la necesidad de no envejecer, de no dejar de ser útil, como si con ello se dejara de existir. Y por otra parte, la reiterativa insistencia de fertilizar, de exaltar las capacidades reproductoras y sexuales de los personajes implicados en la narración. A ello contribuyen además la serie de rituales inmersos en la historia (“El rito es el eterno retorno” que decía Octavio Paz) y el color verde que domina el ambiente. Y, como no, el propio título de “Aura” (luz que rodea la cabeza) para sacralizar la juventud y permitir la reencarnación (la vejez aparece vinculada inextricablemente a ella) en un universo cargado de misticismo, intriga y magia. Para acabar construyendo en esa casa-vientre con una sistemática regresiva el otro lado de la personalidad de Felipe (primero es él, luego siente que se desdobla y finalmente se reconoce en el general).

Aura y Consuelo no son otra cosa que dos mujeres cuya única misión es desvelar el verdadero yo de Felipe para poder estar completas, para completar el ciclo (que la muerte interrumpió al llevarse al general), continuarlo y con ello cumplir su función de perpetuarlo, casi como un rito. El mensaje parece claro: la búsqueda de la eterna juventud y permanencia del pasado; la vanidad humana y la necesidad de perpetuarse; el rechazo de la vejez, juventud convocada por el desdoblamiento del deseo y la reencarnación del alma.

Aura es un ejemplo de originalidad narrativa que no se reduce a una presencia de lo fantasmagórico en la realidad, a la supervivencia de dos dimensiones del tiempo, a una simple historia de vampiros o a la creación de un doble o golem. Y parece dialogar con obras anteriores de autores ilustres como Henry James (“Los papeles de Aspern”) o Edgar Allan Poe (“Ligeia”). Mención aparte merecen las ilustraciones de Alejandra Acosta que hacen que esta historia sea todavía más envolvente y cautivadora. En forma de soberbios y lúgubres collages muestran la belleza voluptuosa de Aura y la decadencia inexorable de la casona. Historia y edición (Libros del zorro rojo) hacen de este precioso libro una irresistible tentación a recomendarlo para su lectura y tenencia.

Vicente Morán y el club de lectura “caminodelibros.com”

León, Febrero de 2019

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   AURA, de Carlos Fuentes

   Ilustraciones de Alejandra Acosta.

   Libros del Zorro Rojo. Tapa dura. 2017

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana