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Camino de Libros

Existen muchos blogs de libros, pero este pretende ser algo distinto. Entra y compruébalo por ti mismo.

De entrada no esperéis una crítica literaria profesional. Tan solo se trata de ofrecer lo que un grupo de lectores, reunidos bajo un club de lectura que se hace llamar “Camino de Libros”, piensa acerca de un determinado libro. Nuestro lema es que se hace “camino al leer” y que la lectura conjunta añade matices a lo leído individualmente. Pero es sólo una opinión que puede compartirse o no. Nos proponemos comentar un libro cada mes. Pretendemos que sean libros algo “especiales”: de pocas páginas pero de contenido intenso; de autores quizás no muy conocidos pero con una biografía contrastada; con un formato y una edición fuera de lo común. Mensualmente expondremos en el blog un comentario final que resuma lo que el club piensa acerca de cada libro. Estamos abiertos a que emitáis vuestra opinión al respecto. Os invitamos a participar con libertad y cordialidad. Confiamos en que pueda aportaros alguna orientación para vuestras lecturas. Caminemos

Comentarios de Libros

A continuación, los últimos comentarios de libros de nuestra web.

«STONER» de John Williams

«STONER» de John Williams

“El valor de la tiza y la pizarra frente al azadón”

Estamos ante una novela que fue escrita en 1965 e ignorada durante décadas hasta que la NY Review Books la reavivó en 2006. Publicada en España en 2010 por una pequeña editorial (Baile del Sol). Fue libro del año en UK en 2012 y celebró sus 50 años en el 2015. Para acabar convirtiéndose en un libro clásico inexpugnable de lectura obligada y recomendada por múltiples autores. «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro; pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado» (Tom Hanks).

La novela cuenta la historia de William Stoner, hijo de unos campesinos de Misuri, nacido a finales del XIX y enviado con gran esfuerzo por sus padres a la universidad para graduarse en Agricultura y poder así introducir mejoras en la granja familiar. Un día un profesor que está iniciando a sus alumnos en las virtudes de la literatura, se dirige directamente a él en clase para decirle: «El señor Shakespeare le habla a través de 300 años, señor Stoner, ¿le escucha?». Para el rústico joven Stoner, ese instante fue una iluminación, un impacto epifánico, una gran revelación que, con el tiempo, incluso le llevaría a renunciar a la granja de sus padres arriesgándose a ingresar en un “mundo en el que siempre estarás a punto de lograr el éxito pero serás destruido por tu fracaso” y a convertirse en profesor de la universidad de Misuri, donde llevaría una vida sin alicientes, equivocándose en todo. Una vida laboriosa al servicio de la literatura, con multitud de errores sentimentales. La biografía de alguien que vistió siempre un traje equivocado.

¿Cómo olvidar cuando el discreto profesor, consciente de haber perdido el tiempo en su obstinado trabajo sin luces, se refugia al final en la imperturbabilidad que heredó de sus padres rurales, impasibles trabajadores de la tierra, constantes dibujantes de «surcos como oraciones en el papel»?. De alguna forma misteriosa, inadvertida, y pese al creciente ascenso intelectual de Stoner, su pasado labriego ha cincelado su carácter hasta convertido en una persona íntegra, en respetado maestro cuya adaptabilidad –que no pusilanimidad- le capacita para encarar sin aspavientos emocionales la mediocridad de una existencia opaca en cada uno de sus sencillos frentes: matrimonio insípido, hija desapegada, relativo aislamiento social, rencores en el competitivo coso universitario, carrera profesional de corto vuelo, etc.

En el fondo  del patetismo, un elogio tanto de la rectitud moral como de la cultura del esfuerzo y del amor por la vieja literatura. En plena crisis mundial y densa melancolía, sorprende leer una oda tan intensa a los viejos valores morales heredados de una infancia hundida en las raíces agrícolas del Misuri más profundo y miserable, pero conmovedor.

William Stoner podría ser el estereotipo del profesor de Literatura que no tiene una vida digna de narrarse y decide reemplazar sus pasiones en la seguridad de un saber profundo descubierto por otros y transmitido en la enseñanza. Pero el intento de erudición y los gigantescos esfuerzos que realiza en la academia, horas de insomnio, cumplimiento de requisitos, acatar la jerarquía académica, además de convertirse en el mecanismo por medio del cual el personaje intenta “resolver” los problemas de su existencia, su matrimonio, la estabilidad económica, la paternidad, entre otros, son la síntesis de un sacrificio, un destino aceptado en el que no hay cabida para la recompensa, o siquiera la gratitud. La imaginación y los sentimientos de Stoner están en la misma perspectiva y se aproximan al deseo de “ser alguien” conducido por una intuición verídica que descubre en el estudio literario. No es un escape, no le facilita su camino, y por un momento creemos que leemos una historia triunfal, ese espacio donde las adversidades se superan por la tenacidad del personaje. Pero John Williams ha tocado una fibra importante en la historia y quita ese velo, la victoria no es un momento sino un instante, y no se puede llegar a ella. Es un resquicio por donde vemos cobrar brillo a la existencia.

En España y ,más recientemente tal vez, hayan sido Torrente Ballester y Antonio Muñoz Molina quienes mejor hayan sabido retratar la dignidad del labriego de antaño, educado en el saber de la intemperie. No se puede describir mejor la conmovedora dignidad de unos padres campesinos que asisten a la deserción de su hijo con el estoicismo del labriego que se aviene a las veleidades del clima. La escena de la graduación es sencillamente perfecta: el lector palpa a esos padres apocados en la ceremonia de graduación de William, tan distantes ya de su hijo como éste de la tierra que contribuyó a labrar con sus manos.

Podríamos concluir que estamos ante dos asertos, uno literario: “De cómo una buena novela, con el tiempo, se convierte en una gran novela” y otro filosófico: «a alguien se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró ignorancia».

León, en los meses de la pandemia de Covid-19

Vicente Morán y el Club de Lectura “Caminodelibros”

Stoner

STONER de John Williams

Ed. Baile del Sol, 2015

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EL RETORNO, de Dulce María Cardoso

EL RETORNO, de Dulce María Cardoso

“MUJERES CON CEREZAS COMO ARETES EN LAS OREJAS O LA SEQUEDAD DE LOS BAOBABS (cuando ni los de aquí ni los de allá nos quieren)

El retorno se enmarca dentro de la odisea de los que fueron nombrados con muy distintos apelativos: africanistas, colonos, ultramarinos, repatriados, desalojados, refugiados o fugitivos. De los que el Gobierno de aquel país naciente de la revolución de los claveles optó por llamar “retornados” a los que, tras la declaración de independencia de las últimas colonias portuguesas en 1975, fueron obligados de un día para otro a abandonar sus casas en Angola, Mozambique o Guinea-Bisáu.

Una historia, ahora re-memorizada por la autora que vivió en sus propias carnes con 11 años, en la que una avalancha de familias fueron ubicadas, en un transitado puente aéreo, en hoteles de la Metrópoli durante casi un año, con el consiguiente impacto que supuso para sus habitantes la llegada de aquellos familiares de ultramar con los que solo se habían relacionado carteándose en fechas señaladas.

La novelista sabe de lo que escribe, pues ella misma vivió su infancia en el país africano y experimentó en carne propia lo que supuso para todos aquellos expatriados que venían de países más abiertos en costumbres, donde hasta las mujeres podían moverse con cierta libertad, la naturaleza era generosa y los colores adornaban la vestimenta de la gente y, en cambio, llegar a un pequeño país de inviernos húmedos y fríos, melancólico y, a pesar de la reciente revolución, muy conservador: (“Fue primero una desilusión y después una sensación incómoda por estar rodeados, de repente, por gente que no conocíamos y por lo que tampoco éramos bien recibidos” ); eran observados con desconfianza, juzgados como colonos explotadores y  no se comprendía su constante añoranza por África (la cual persiste aún hoy día).

En una apuesta por una memoria sensible e íntima, la autora nos cuenta la historia a través de un muchacho (RUI cuyo significado es “desaparecido”) que junto con su madre y su hermana (el padre queda retenido y no puede acompañarlos) salen huyendo de Angola y son albergados en un hotel de lujo, reconvertido en albergue de exiliados. Y nos revela con intensidad desde un primer momento el drama de tener que decidir entre las cosas que se dejan y las que se van, así como las expectativas de que lo nuevo signifique una vida mejor, pero con la inquietud de la espera en el reencuentro familiar.

El joven Rui nos va relatando los hechos con la sabiduría de la inocencia: es capaz de observar lo que pasa y al narrarlo lo deja en evidencia. Por un lado están los sentimientos: el miedo, la incertidumbre y el terror, y por otro lo que pasa afuera, especialmente la violencia racial, la segregación y la injusticia. Por él también conocemos las características de su propia historia familiar repleta de elementos biográficos y sociales.

A medida que el libro avanza, Rui va creciendo. Ya no es el niño que abandonó Angola pensando en “los aretes de cerezas de las muchachas de la metrópoli”. Ahora vive en una habitación de hotel, teme por la salud de su madre, cree que su padre ya no regresará y planea estrategias para salvar a los suyos del destino desgraciado que amenaza a la mayoría de los retornados. Y en esa espera va haciendo una serie de descubrimientos relacionados con la identidad, el amor, la libertad y el arrojo de quienes lo han perdido casi todo, excepto la ambición de un milagro.

La novela es, pues, una radiografía de la pérdida, en la que no se hacen además juicios de valor, transmitida con un lenguaje sencillo a través de un adolescente y con un estilo algo peculiar en su ortografía (la escasez de puntuaciones) que obliga al lector a un sobresfuerzo para seguir el hilo de lo que acontece en su relación temporal –presente, pasado–, ya que como dice su traductor J. Pizarro el ritmo es incesante, como una respiración y la puntuación responde a esa vista de vértigo, ya que la autora libera la prosa –como un monólogo improvisado y, en ocasiones, algo redundante– al vaivén del recuerdo para impedir que sea olvidado. Una temática que a algunos lectores españoles les toca en la fibra sensible, por su parecido,  con hechos no muy lejanos en relación con el abandono también de nuestras colonias africanas.

LEÓN, FEBRERO 2020

Vicente Morán y el Club de Lectura “caminodelibros.com”

EL RETORNO, de Dulce María Cardoso

Ed. La Umbría y la Solana, 2018

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PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA, de Cristina Campos

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«Dulce como el pan pero amargo como el limón»

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LA BRIGADA 22, de Emilio Gancedo

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«Un viaje para descubrir el olvido entre el follaje»

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LOS HABITANTES DEL BOSQUE,  de Thomas Hardy

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“Cuando la imaginación es la esclava de una circunstancia inalterable…”

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CHARLOTTE de David Foenkinos

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«Cuando el arte sirve de protección al creador»

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LA COMPOSICIÓN DE LA SAL  de Magela Baudoin

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«El poso queda cuando se evapora la vida»

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PENSAMIENTOS DESDE MI CABAÑA de Kamo no Chômei

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«Desnudo regreso a la naturaleza como contrapeso del pesimismo vital»

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HOTEL MADREPATRIA de Yusuf Atılgan

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“Una grieta falaz puede hacer añicos la compacta monotonía”

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Lectura Recomendada del Mes

  • “El complot mongol” de Rafael Bernal

    «Una fabrica en serie de pinches muertos»

    Ed. Libros del Asteroide 2013

    ¿Es la novela negra un género en alza?. Dejémonos sorprender por ésta. Publicada por primera vez en 1969 es considerada unánimemente la que inauguró dicho género en México. Un apasionante thriller policíaco con tintes de humor y cargado de violencia que retrata los diferentes estratos de la capital mexicana en los años sesenta. Su descripción del sistema social, económico y político no ha perdido ni un ápice de vitalidad y actualidad.

    El punto de partida de la novela es el siguiente: México D.F., años sesenta. Estadounidenses y soviéticos están convencidos de que China trata de aprovechar la inminente visita del presidente de EE UU para asesinarlo. Para impedirlo, las autoridades mexicanas se ponen en contacto con Filiberto García, detective, antihéroe romántico, asesino eficaz ( antiguo verdugo de un general villista y «fabricante en serie de pinches muertos»). Un protagonista asesino lúcido, excelso narrador con un maravilloso sentido del humor y del sarcasmo. Un personaje y una novela únicos, con una trama delirante, conspiranóica y brillante. Un libro sorprendente, triste y lúcido.

    El complot mongol sigue los avatares de un típico matón metido en la endemoniada tarea de desenmarañar una conjura internacional en la que tiene que terciar con el FBI y la KGB para desmantelar una intriga contra la paz mundial que anida en el «barrio chino» de la capital del país. Entre las tiendas de curiosidades orientales y los restaurantes de comida cantonesa, detrás de los fumaderos de opio y los cafés de chinos, Filiberto García va describiendo que la conspiración supuestamente iniciada en Mongolia tiene mucho que ver con los vaivenes y amarguras de la política nacional. Sin embargo, en su tortuoso camino deja atrás una docena de cadáveres y un amor trágico que, finalmente, acabarán revelando al asesino el verdadero significado de su vida. García va descubriendo una trama compleja en donde cada actor tiene un interés distinto al que confiesa.

    Vicente Morán. Club de lectura «caminodelibros.com».

    Octubre, 2020 de la «Era de la Nueva Normalidad»

     

     

     

Qué ofrece Camino de Libros

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Los libros son como medicinas preventivas

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Vicente Morán

Sobre el autor del Camino de Libros

Soy médico y librero. Me encanta prescribir libros. La Literatura también puede ayudar a sanar.

Agradecimientos

A Pedro Sainz Guerra por cedernos uno de sus dibujos como logo del club

A los miembros del club por su espíritu participativo

A todos los que se dignen asomarse a esta ventana